Esta bonita ruta transcurre por el sureste madrileño aprovechando el trazado de la Cañada Real Soriana Oriental, una de las nueve Cañadas Reales que surcan la Península Ibérica de norte a sur y una de las cuatro que atraviesan la Comunidad de Madrid. A lo largo de sus 30 km el camino discurre por la Alcarria madrileña entre campiñas, páramos y vegas, permitiendo al viajero disfrutar del paisaje agrícola que marca la actividad principal de las comunidades rurales de Brea de Tajo, Valdaracete y Fuentidueña de Tajo y trasladándole a un tiempo no tan lejano en el que numerosos rebaños surcaban estos caminos en un duro viaje en busca de alimento.

Para comenzar esta ruta desde el límite con la provincia de Guadalajara, podemos ir a Brea de Tajo y seguir el camino de Mondéjar durante unos 6 km, hasta el cruce con la Cañada Real en suelo castellanomanchego. Se toma la Cañada a la izquierda y a unos 250 m del cruce, justo en el límite administrativo de Madrid y Guadalajara, aparece un panel informativo que marca el inicio del Camino Natural, que cuenta en este primer tramo con un firme acondicionado para el disfrute de senderistas y cicloturistas.

Ya desde este lugar, el viajero puede contemplar el mosaico de colores que le ofrece el paisaje y que le acompañará durante esta primera parte de su marcha. Un paisaje eminentemente agrícola, aunque salpicado de encinas (Quercus ilex), coscojas (Quercus coccifera) y matorrales, en el que los tonos verdosos de olivares, viñedos y del monte mediterráneo contrastan con los rojizos suelos margosos de los páramos, ricos en arcillas, con marcada vocación cerealista. En poco menos de un kilómetro, tras pasar un primer cruce, se entrevén a la izquierda de la marcha las ruinas de uno de los antiguos chozos pastoriles que aparecen a lo largo de la ruta, es el "Chozo del Callejón".

En la mayor parte de este tramo se puede apreciar, delimitada por mojones, una franja de terreno sin cultivar que marca el tradicional corredor de 90 varas castellanas (75,22 m) que tenían de anchura las Cañadas Reales. Tras superar el cruce con el camino de la Cañamera, al pie de la cañada aparece el "Chozo del Quiñonero", que se ha rehabilitado para que el caminante pueda admirar las características de esta construcción tradicional que sirvió de cobijo a pastores en las duras jornadas de trashumancia por estos parajes.

La cañada prosigue entre tierras de cultivo y eriales con tomillos (Thymus sp.), cornicabras (Pistacia terebinthus) y coscojas adentrándose en el paraje conocido como "Las Lomas", altozano desde donde se obtienen unas espléndidas vistas de la campiña que envuelve al camino. Tras un corto pero fuerte descenso de unos 700 m, la ruta alcanza la carretera de Orusco de Tajuña a Brea de Tajo (M-229); en este punto, se puede realizar un alto en el camino y descansar en la mesa con bancos que instalada para este fin.

Después de cruzar la carretera, el camino atraviesa una primera zona de olivares y de pequeñas encinas y coscojas acompañadas de tomillares, para continuar posteriormente por un terreno más adehesado, en el que se pueden encontrar espectaculares ejemplares de encina. El caminante va dejando a la izquierda el monte "El Robledal", ejemplo del monte mediterráneo que se extendía al sur de la comunidad de Madrid poblado de encinas y quejigos (Quercus faginea) centenarios, denominados robles en esta zona. Tras recorrer cerca de un kilómetro, aparece un antiguo pozo tradicional conocido por "El Pozo de la Yesera". A unos 300 m de este punto, un panel situado a la derecha del camino indica la presencia de los antiguos "Corrales de Calero"; abandonando temporalmente el camino, el viajero puede acercarse a esta construcción y evocar tiempos pasados en los que estos corrales servían de refugio ocasional para los pastores y sus rebaños.

La cañada sigue descendiendo lentamente entre encinares y antiguos olivares, hasta un cruce con un camino en el que existe un área de descanso con un aparcamiento de bicicletas. Si se presta atención, es posible encontrar exponentes de la fauna predominante en la zona como el conejo (Oryctolagus cuniculus), la liebre (Lepus granatensis) y la perdiz (Alectoris rufa), así como rastros de actividad de otras especies como el zorro o el jabalí; entre las aves que con su vuelo acompañan al viajero en la ruta destacan el abejaruco común (Merops apiaster), la abubilla (Upupa epops), la urraca (Pica pica) y el milano real (Milvus milvus), así como otras especies esteparias y de cultivo.

En unos 350 m, la cañada cruza el Cordel de las Merinas. Los cordeles son el segundo tipo de vía pecuaria de mayor entidad detrás de las Cañadas, este en concreto discurre por el camino de Carabaña a Brea de Tajo, pudiéndose acceder a esa localidad siguiendo este camino. El Camino Natural, sin embargo, continúa de frente, pasando ahora por una zona con predominancia de cultivos herbáceos de secano hasta cruzar, en poco más de 1,5 km, la carretera de Carabaña a Brea de Tajo (M-221) y posteriormente, tras unos 500 m más, la carretera de Valdaracete a Brea de Tajo (M-222). Desde este último cruce se puede también acceder a la Vía Verde del Tren de los 40 días, que utiliza la plataforma de una efímera vía de ferrocarril de carácter estratégico construida durante la guerra civil que discurre entre las localidades de Carabaña y Estremera.

A partir de este punto el camino empieza a recorrer los páramos de Valdaracete, que al igual que los de Brea de Tajo, se caracterizan por unos suelos profundos, pardo-calizos, ricos en arcillas y de gran vocación agrícola, destinados fundamentalmente a los cultivos cerealistas y al olivo. En condiciones de lluvia o heladas, debido al material margo-arcilloso de la zona, el firme de esta parte del camino -al dejar de ser de gravilla- resulta deslizante y lleva al usuario a tener que realizar un esfuerzo adicional.

Después de recorrer aproximadamente 1,2 km en paralelo a las numerosas plantaciones de olivar que emergen a la izquierda del camino, la ruta llega a un collado desde el que se obtiene una bonita panorámica del paisaje agrario que va a acompañar al viajero en esta parte del trayecto. Continuando otros 800 m, la Cañada Real Soriana cruza con el camino de Valdaracete a Estremera, donde se ha habilitado una nueva zona de descanso con un aparcamiento de bicicletas, que invita al visitante a reposar bajo la sombra que proporcionan las encinas y coscojas que ocupan las franjas baldías que separan al camino que transcurre por el centro de la cañada de los terrenos cultivados. Tras casi 2 km de descenso suave, la cañada llega a una encrucijada de caminos, debiendo tomar el de enfrente (siguiendo la señalización). A la derecha aparece el último olivar que se observa en el recorrido y, a la izquierda, el viajero puede disfrutar de las bonitas vistas que ofrece el fértil valle por el que transcurre el arroyo de Valseco.

Este punto marca el comienzo del recorrido por los páramos yesíferos que conducen hasta Fuentidueña de Tajo, produciéndose un progresivo cambio en la vegetación de aquí en adelante. Las encinas y coscojas, tan representativas hasta este punto del camino, tienden a desaparecer para dar paso a una vegetación en la que predominan formaciones de matorral más adaptadas a este tipo de suelos, y que dan al paisaje un característico color grisáceo. A pesar de lo yermo e inhóspito que pueda parecer este paraje, en él se desarrolla un ecosistema de gran diversidad, existiendo varias especies vegetales con sorprendentes adaptaciones que las permiten sobrevivir sobre estos terrenos tan hostiles. Así, en las lomas abundan los atochares (formación de esparto, Stipa tenacissima), acompañados de salvias (Salvia lavandulifolia), espliegos (Lavandula latifolia), aulagas (Genista scorpius), tomillos (Thymus zygis) o jabunas (Gysophila struthium), mientras que en las zonas medias y bajas de las laderas sobresalen especies como heliantemos (Helianthemum asperum, H. hirtum), fumanas (Fumana ericoides, F. thymifolia) y ontinas (Artemisia herba-alba).

A unos 400 m del cruce, el camino gira a la derecha en una curva cerrada protegida por una barandilla de madera dejando a la izquierda el valle del Arroyo Valseco. Tras continuar otros 350 m, se encuentra el mirador de las “Faldas del Valle” desde el que se puede observar una bella panorámica.

El trazado discurre ahora por un terreno de topografía muy accidentada en la que se suceden empinadas subidas y bajadas, y en el que la repoblación forestal con pino carrasco (Pinus halepensis) va cobrando protagonismo. El firme de gravilla y la elevada pendiente pude poner en dificultades a los cicloturistas menos experimentados, así que conviene extremar las precauciones en estas cuestas. Una vez alcanzado el cruce con el camino de Fuentesaúco, un poste de señalización indica que el camino continúa de frente ascendiendo al cerro de la Muela, desde donde se contempla una bonita panorámica de los suavizados cerros salpicados de encinas. En los márgenes del camino aparecen numerosos comederos y bebederos para fauna, lo que pone de manifiesto de nuevo la idoneidad de estos terrenos para especies cinegéticas de gran interés como perdices y conejos, que posiblemente saldrán al paso del viajero en numerosas ocasiones.

Una pronunciada bajada conduce al visitante hasta la confluencia del barranco de Fuentesaúco y el arroyo de Valseco (que pasa a denominarse arroyo del Valle a partir de aquí) avanzando por la fértil vega en la que se desarrollan choperas (Populus sp.) y viñedos de regadío (Vitis vinifera), que contrastan con la sequedad de cerros y laderas que enmarcan al valle.

Recorridos 150 m, la cañada gira a la derecha y se adentra de nuevo, tras una exigente subida, en el paisaje agreste y singular que forman estos cerros grisáceos, erosionados y polvorientos. El camino avanza serpenteando por estas laderas recientemente repobladas, en las que el viajero es testigo del extraordinario carácter protector que desempeña la Stipa tenacissima (especie dominante de los espartales), gracias a su intrincado sistema radical, que actúa como ancla, y a su cepellón, que retiene el suelo contra la erosión.

Los páramos ocupados por cultivos herbáceos salpicados de buenos ejemplares de encina, muestran cómo el paisaje ha sido modelado por el hombre, manteniendo parte del arbolado que originariamente poblaba estos terrenos.

Tras un pronunciado descenso se alcanza un pequeño arroyo, donde se encuentra el manantial de Santa Elena, atestiguado por un pequeño tarajal (Tamarix sp.) a la derecha del camino y posteriormente el arroyo del Valle. La cañada transcurre ahora por el fondo de valle en dirección a Fuentidueña de Tajo, junto a fértiles tierras de cultivo. En unos 500 m se alcanza un cruce de caminos en el que hay que continuar por la derecha. La silueta de las ruinas castillo de Fuentidueña indican la proximidad de esta localidad madrileña.

Sorteada la autovía A-3 mediante un paso inferior, se alcanzan las primeras casas de Fuentidueña; casas cueva excavadas en la ladera desde tiempos inmemoriales y que sirven aún de vivienda a algunos vecinos del barrio de Zurriera. En este punto el camino se cruza con el Camino Natural del Tajo, por lo que se debe prestar atención, pues la Cañada Real continúa de frente por la avenida de la Paz. Una vez cruzada la calle Canal y avanzando por la calle de la Cañada se continua por la calle Bajada al Río, que nos conducirá hasta el río Tajo, flanqueado por una rica vegetación de ribera, donde chopos, carrizos y tarays sirven de cobijo a una abundante avifauna y donde encontramos un panel informativo. Para llegar a este mismo punto, los cicloturistas han de continuar por la calle Canal y posteriormente girar a la izquierda por la calle Bajada al río.

Antes de continuar el camino y pasar a la otra orilla del río Tajo es buena idea pararse a descubrir el patrimonio de Fuentidueña, donde destaca, además del castillo (con unas impresionantes vistas panorámicas del valle del Tajo), la plaza de la Constitución y su torre del reloj (cuya maquinaria es de las más antiguas de la Comunidad de Madrid) o la iglesia de San Andrés (su aspecto actual data del siglo XVII, aunque sus orígenes se remontan hasta el siglo XII).

Continuando la ruta, con la vista del inconfundible puente de hierro, se discurre junto al Tajo durante unos 300 m, antes de girar a mano izquierda para cruzar el río gracias al mencionado puente. Se comenzó a construir en 1868, después de que el general Prim, en su huida hacia Levante en 1867, destruyera el antiguo paso de barca con maroma.

Ya al otro lado del puente (cruzar con precaución, ya que se comparte el paso con tráfico rodado), se gira a mano derecha y se alcanza la zona conocida como “Remanso de la Tejera”. Se trata de un descansadero de la Cañada Real, donde pastores y rebaños hacían un alto en el camino antes de continuar su viaje, transformado hoy en una zona recreativa que invita a reposar y disfrutar de esta orilla del río Tajo.

Tras abandonar el descansadero, el Camino gira a la derecha, alejándose del río Tajo durante un kilómetro. A la derecha del camino, los cultivos dominan la vega del río, mientras que en las lomas a la izquierda son frecuentes las zonas de extracción de áridos.

Un meandro en el Tajo hace que el río se vuelva a acercar al Camino Natural, justo antes de cruzar el arroyo de Fuentemaría, y con la vista de la ermita de la Alarilla sobre el promontorio justo al frente. El camino emprende una dura subida para abandonar el barranco del arroyo de Fuentemaría, llegando al desvío para acceder a la ermita tras algo menos de 300 m. Aunque el acceso a la ermita requiere un esfuerzo añadido, merece la pena por sus vistas del valle del Tajo, justo sobre el río. Este sencillo templo fue edificado en una explanada en que antaño había una fortaleza fronteriza entre musulmanes y cristianos, donde cuenta la leyenda que la Virgen de la Alarilla se apareció a un pastor.

Volviendo de nuevo a la Cañada, aún quedan unos cientos de metros más de ascenso, hasta dejar a mano izquierda la pista que llega a la urbanización de Alarilla, dependiente de Fuentidueña de Tajo, continuando nuestra ruta por la derecha en el desvío.

Durante lo que queda de recorrido, se transita de nuevo por un páramo ondulado de cerros grisáceos cubiertos de matorral, entre los que van apareciendo zonas cultivadas.

Tras pasar sobre el arroyo de las Higuerillas se comienza una nueva subida en la que se van dejando caminos rurales a mano derecha e izquierda, desde los que se puede acceder a la urbanización de Alarilla pasando junto a una granja escuela.

El camino comienza después a descender, primero ligeramente, después con gran pendiente, hacia el arroyo de Vallehermoso. Una vez pasado el arroyo se emprende una subida muy exigente que se suaviza tras los primeros 800 m. Los últimos cientos de metros de recorrido se realizan entre zonas cultivadas a la derecha, y matorral a la izquierda. En los taludes de los lados del camino se pueden ver los nidos de los abejarucos con los que el viajero puede encontrarse mientras recorre este último tramo.

El Camino Natural termina a pocos metros de un panel informativo, en el cruce de la Cañada Real Soriana Oriental con el camino de Montrueque, justo en el límite provincial entre la Comunidad de Madrid y la provincia de Toledo. Desde este final en alto, merece la pena mirar atrás y volver a observar el recorrido realizado a través de estos caminos por los que, además de ganado, han circulado costumbres, vivencias y tradiciones de un lado a otro del país.


Fuente: https://www.mapa.gob.es/es/desarrollo-rural/temas/caminos-naturales/caminos-naturales/sector-centro/madrid-fuentiduena/default.aspx


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Fotos de Camino Natural de la Cañada Real Soriana Oriental

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